La Arenga

Por Juan Carlos Méndez

Ricardo, un pésimo Senador… Marsupial con las manos sucias

 “¿Echas de menos la sangre?”

“¡Cómo te importa tu pureza!

¿Qué miedo tienes a ensuciarte las manos!” 

Las manos sucias, Jean Paul Sartre

Si la credibilidad de un legislador radica en el cumplimiento y resultados de lo que predica, Ricardo Velázquez Meza, acaba de demostrar que no es un legislador, sino un “charlatán” mentiroso. Peor aún, el arterioesclerótico suplente del Senador de Morena con licencia Víctor Castro Cosío, revela que lo que “pasa por su mente” es el cucú de una influenza mitómana patológica moral.

Dispuesto a sabotear todo lo que pueda poner en riesgo el regreso de Víctor Castro al Senado, Ricardo “el Comadreja” Velázquez Meza, como autentico MARSUPIAL, ha jurado al coordinador de la bancada el Senador Monreal Ávila, que haga todo lo posible porque en nuestra entidad el puchas sea el candidato a gobernador en 2021… lo que no sabe o se hace que ignora Ricardo Monreal, es que el Comadreja no halla cómo hacer para nunca separarse del escaño senatorial, demostrando con ello que es un político bastante malo, deficiente, incapaz, demagogo, desinformado, desinformador y malévolo; basta con solo escucharlo hablar, para  dar cuenta de su ignorancia y desconocimiento del decálogo de un Senador, para que se revele la pobreza de su léxico, la ineficacia de su capacidad y la dictadura criminal que domina su mente cuando de trabajo se trata.

Y a pesar de que el comadreja usa lo que niega a los medios: carros lujosos, restaurantes de gala y viajes exclusivos para su familia y amigos, además del acceso a la información y la discreción de los apoyos y recursos del Senado, ha cerrado las puertas a cualquier sugerencia de Víctor Castro, para refundar su Camelot-legislativo. Una ligera investigación periodística probaría las mentiras del Marsupial Velázquez, quien allá en su guarida busca siempre en toda oportunidad hacerle creer a la gente que es íntimo amigo y miembro del equipo más cercano del presidente Andrés Manuel López Obrador; y que él será el fiel de la balanza para que Rubén Muñoz, Armida Castro o Víctor Castro sea candidato a gobernador.

Ricardo Velázquez -que le miente a los periodistas que quieren practicar su libertad de pensar y escribir y que ejerce el poder por encima de la buena fe de Víctor Castro Cosío- se ha dedicado a amedrentar y dar trato despótico a los muleginos, a quienes traicionó y les dio la espalda, al votar para que les quitaran el fondo minero con el que muchas cosas se hacían incluyendo obras muy sentidas que se hacían con ese recurso tan indispensable.

Pero Ricardo el comadreja, no ha podido trascender su propio pasado priista; y ha tratado de mantener su menguado liderazgo, estancandolas instrucciones de Víctor Castro –en la lógica de que probablemente se desconocen sus antecedentes políticos, pues posiblemente luego de ser expulsado del PRI, siga siendo militante del partido en que se refugió Nueva Alianza, aunque no deje pasar ocasión para autonomizarse miembro distinguido del Morena—y con ello entorpeciendo los pagos a empleados del profe que él se comprometió a cubrir como moneda de cambio para ocupar el escaño senatorial.

Lo malo, sin embargo, es que Velázquez Meza, utiliza el nombre de Castro Cosío, como vía de comunicación entre su arterioesclerosis mental, política e ideológica para auto promoverse y colgarse medallitas ante sus compañeros legisladores, como si fueran el resultado de una gestión por su merced.

Mal le debe ir a los puchistas, si los destinos de su proyecto pasan por este “marsupial legislador” que usa un escaño para impulsar su aspiración de ocupar la presidencia de Mulegé.

Lo peor de todo es que Ricardo demostró que es un marsupial demagogo, porque manipula a las personas que acuden a él, a quienes engaña prometiéndoles apoyos humanitarios y económicos que jamás obtienen, sin mencionar la cola de llanto que dejó en decenas de familas que acudieron a él cuando paso por la titularidad del Ministerio Público en el norte del estado.

Un colaborador muy cercano de Víctor Castro dice que nunca meterían las manos al fuego por este Senador, pero sin reconocer –en términos sartreanos–que se quedó con las manossucias, “yo tengo las manos sucias, hasta los codos”, dice un personaje de Sartre, “¿te imaginas que se puede ser legislador inocentemente o que miedo tienes a ensuciarte las manos?”

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