“HISTORIAS QUE CONTAR” EL VIAJERO DEL FUTURO DE SAN BERNABÉ.

Por: Héctor Murillo Aguilar

Uno nunca sabe cuándo se remonta en las inmediaciones de la sierra de Guadalupe, al norte del estado de Baja California Sur, que nuevas aventuras, relatos, crónicas, noticias o simplemente chismes o comentarios pueda encontrarse por ahí.

sobre todo, cuando llegas a verdaderos parajes, más que a una comunidad donde generalmente vive una o dos familias, como fue el caso de la visita a san Bernabé, ranchocercano al gueribito y a san Pedro de Lajas, en la parte poniente a San José de Gracia, tierra de nacimiento de quien esto escribe.

El acceso a san Bernabé es a lomo de caballo y hará como diez años, por un camino de terracería hecho  a  pico y pala por la familia de don Pancho y Gertrudis, cinco hijos varones y dos mujeres. La otra familia que habita en ese lugar es la de Ramón Ojeda y Paloma, que a su vez tuvieron cuatro hijos varones y cuatro mujeres. Por supuesto yo llegué una tarde de Agosto del año corriente,  en un caballo chinampo que conseguí en San José de Gracia.

Mientras descendía por la vieja cuesta,  observe claramente como cerraban la cortina de los últimos rayos solares y el cielo pleno de nubecitas blanquesinas (tribunadas le llaman los rancheros) se enrojecían con estos, a lo lejos se escuchaban los gritos de arreo del ganado por sus vaqueros, seguramente para protegerlos en los corrales de pernocta.

Para no hacer larga la historia, primero llegué a la casa de don Pancho, quien con la amabilidad de todo ranchero me saluda, me pregunta por la familia (mis padres ya fallecidos) y luego luego la invitación cordial y amable de ofrecer la tasa de café, queso y frutas de la temporada. Una vez que pasamos del saludo y los recuerdos, José,  uno de sus cinco hijos me suelta a bocajarro la pregunta: – ¿Cree usted en la gente que viene de otros mundos?-,- ¡ah caray!, como es eso de otros mundos le pregunto-. Pues esos que andan en platillos y toda la cosa – me contesta-, por que ayer llegó un muchacho alto que descendió de un aparato que hizo un ruido espantoso al caer, ya que parece haberse averiado y el se encuentra lastimado de la pierna derecha y está descansando en una ramada de don Ramón Ojeda. Vamos si quiere conocerlo.

Por supuesto, que de mi asombro inicial pasé a un irrefrenable deseo por conocer todo lo concerniente a tan extraño personaje. Sin embargo, antes de tomar cualquier decisión consideré prudente decirle a don Pancho el propósito de mi visita, que consistía en venir a comprarle un becerro o dos chivos y si podían llevarlos a san José. De manera inmediata me contestó que no me preocupara por eso, que mañana mismo me los llevarán a donde usted quiera y si gusta visitar a don Ramón, le podemos preparar una habitación para que duerma y no se regrese tan noche.

Después de agradecer a don pancho su gentileza y finiquitar el trato, le tomé la palabra a José para visitar a don ramón y en compañía de Refugio, su hermano menor, nos dirigimos por una estrecha vereda que cruza el arroyo del cañón a la derecha, en la falda del cerro se encuentra la casa de don Ramón Ojeda.

Una vez que nos presentamos la conversación giró hacia el visitante y la posibilidad de poder saludarle, don Ramón hizo el comentario de que aun permanecía recostado, despierto y con un excelente estado de ánimo, y que si consideraba necesario entretenerle.

Llegamos, y hagan de cuenta que ingresamos a un portal natural donde no necesitábamos expresar nada con los labios, de cualquier forma nos presentamos, preguntó por idiomas de dominio, aparatos que portaba, si pertenecía al mismo país que los demás y si sabía como, cuando y en que condiciones terminaría  el gobierno actual de México. Hizo hincapié en la importancia de BCS para México. Nos habló del efecto irreversible de la descomposición climática, de la aparición de  los inventos desde hoy hasta el 2100, de cómo y cuándo terminaría la guerra de Donald Trump y su inminente derrota electoral, Sé que usted escribe artículos –Me dijo-, hágalo sin pasiones y lo que acaba de presenciar o “inenhalar”, no lo dé a conocer hasta que haya pasado un mes de esta conversación.

Nos despedimos, en camino a casa de don Pancho José y Refugio señalaron hacia un cielo oscuro y repleto de astros, donde apareció en gracioso movimiento, la misma estrella que por años me ha perseguido. Justamente,  desde que tengo uso de razón. Como para sosegarme, repetí varias veces la palabra “INENHALAR”.

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