LA TORMENTA TROPICAL, HURACÁN O CICLÓN CATEGORÍA 1 Ó 2 “LIDIA”, QUE AZOTÓ BAJA CALIFORNIA SUR, ¿QUÉ DEJÓ AL DESCUBIERTO?

Por Sofía Sui – Qui García

 

Nuestra maravillosa entidad federativa, año con año, en el período de huracanes o ciclones, que termina oficialmente el 30 de noviembre, nos lleva a una serie de aprendizajes que tal parece que éstos no son lo suficientemente contundentes para normar los criterios correspondientes.

Al término del mes de agosto e inicios del mes de septiembre de este 2017, “Lidia”, dio muestras inequívocas de que dejaría una cantidad sorprendente de agua, en esta bendita tierra que es nuestra Baja California Sur. Tierra que requiere, que necesita, que le urge el líquido vital, mismo que fue tal en Lidia que dejó a la luz del día, situaciones que es preciso puntualizar, entre las que tenemos: Se autoriza el uso de suelo en lugares totalmente inapropiados./Se construyen o edifican conjuntos habitacionales en zonas de altísimo riesgo./ Se permite irresponsablemente asentamientos humanos en cauces de arroyos, zonas de pendientes peligrosas, o de suelo que por sus propias características no ofrecen ninguna seguridad para la construcción de casas de madera o de algún otro material.

Cómo es posible que las autoridades correspondientes permitan estos asentamientos humanos?/ Porque es sabido que para poder construir hasta una banqueta, debe existir el permiso para ello. ¿Luego entonces qué sucede también con los servicios de agua potable, luz eléctrica,  telefonía, pavimentación de calles y demás?

Los desarrolladores, o las empresas constructoras deben saber y conocer a fondo el terrero, donde se pretenda hacer un fraccionamiento, una colonia, o una serie de viviendas de interés social. E inclusive deben tomar en cuenta, dónde delinear una calle, avenida, o boulevard, en dónde se ubicará una escuela, oficinas, parques recreativos, comercios, bancos, etc., etc.

Si el caso es extremo, y llegan a nuestra Sudcalifornia, personas de otros estados de la República y se asientan en zonas verdaderamente peligrosas, ¿por qué dejan que sigan creciendo estas vecindades, que hacen a sus habitantes vulnerables en un cien por ciento?.

No existe justificación alguna para este tipo de irresponsabilidades, que llevan a perder vidas humanas, por las omisiones y descuidos de autoridades.

Año con año, como coloquialmente expresamos en Sudcalifornia, estamos con “El Jesús en la boca”,  porque se avecina una lluvia torrencial y existen una infinidad de casas habitación en toda la geografía estatal, que no ofrecen la mínima seguridad para sus habitantes.

Cuánto invierten los distintos órdenes de gobierno, en la reconstrucción de determinada área afectada? Cuánto destina el FONDEN para los apoyos institucionales al declararse zona de desastre? Estos recursos financieros por significativos que sean, por más cuantioso que sea el presupuesto, nunca podrá devolver la vida a aquellos seres que desafortunadamente la perdieron en un fenómeno de la naturaleza.

Es necesario redefinir las políticas públicas al respecto, es de urgente y obvia resolución atender este rubro por demás delicado y peligroso para un considerable número de familias de Baja California Sur, sean nativas o con arraigo. No se puede continuar con la incertidumbre anual en este tema por demás importante.

 

Otra situación que se visualizó sin ningún esfuerzo,  es la poca o nula  certificación en los puentes, vados y grueso de la carpeta asfáltica de la carretera transpeninsular, independientemente de la escasa calidad de la pavimentación de calles y avenidas de las distintas ciudades de la entidad, principalmente de la capital del estado donde residen los Poderes. Existen tantos pozos, hoyos, hoyancos, etc., etc., los que han estado por tiempo indefinido y los de nueva creación por las lluvias recientes que tal parece La Paz, un verdadero campo minado.

Hay que puntualizar además con verdadero énfasis, si esta nuestra Patria Chica, como dijera el inolvidable Maestro Jesús Castro Agúndez, tiene tal necesidad de agua, para revertir la tendencia natural de ser un estado semidesértico a desértico en determinadas zonas, con la excepción milagrosa de contar con algunos oasis, verdaderos aciertos de la naturaleza, una vez más quedó como materia y asignatura pendiente, la captación de agua, mediante ollas, diques, represos, y por supuesto presas para acumular el agua que cae milagrosamente a Baja California Sur.

Sin temor a equivocarme, pudiéramos ser una entidad exportadora de granos, semillas, algodón, como de carne vacuna, porcina, caprina, aves de corral y también de pescados y mariscos de gran calidad. En verdad seríamos una potencia comercial, porque tenemos todo, absolutamente todo, pero ha faltado visión y misión para lograr este despegue económico, político, social, educativo, de trascendencia nacional e internacional.

Así como se destinan millones y millones de pesos en “x” o “z” “necesidad”, se requiere poner en práctica un verdadero plan hidráulico estatal,  si se cuenta con grandes, inmensos cerros, pendientes, arroyos, zonas idóneas para construir  presas, donde el conocimiento y la imaginación estuvieran formando una bina indisoluble, se podría perfectamente aprovechar lo que la naturaleza nos dio de manera magistral, pero como se carece de ese “ingrediente mágico”, constantemente se escudan en que no hay presupuesto, pero si realmente se tuviera idea de hacer algo, se llevarían al cabo obras de retención de agua, y este líquido indispensable para la vida,  ayudaría a que la economía sudcaliforniana fuera fuerte, indestructible irradiando bienestar familiar y social a la población tanto de las zonas urbanas, semiurbanas y rurales.

Lidia dejó también ante la vista de toda la población sudcaliforniana, que se perdieron, se fueron al mar, millones de litros de agua, que pudieron haber sido captados, si hubiera infraestructura hidráulica.

No es posible que los municipios de Loreto y Mulegé no tengan presas para contener las aguas de lluvia. Hay desembocaduras de arroyos que deben de ser aprovechadas, pondré sólo un ejemplo: en mi inolvidable pueblo rural San José de Magdalena, Municipio de Mulegé, baja el agua de la sierra, cruza todo el poblado, sale por su cauce normal por la Boca de Magdalena, atraviesa la carretera transpeninsular entre los ejidos de Palo Verde y San Bruno y desemboca en el Golfo de California. Así vuelvo a repetir, año con año se desperdician litros y más litros de agua, tan necesaria y urgente como es el caso de la emblemática ciudad de Madera, la legendaria Santa Rosalía.

Como Sudcaliforniana, orgullosa de serlo, siento verdadera desesperación y frustración de constatar desafortunadamente que no se atiende lo urgente, lo necesario, lo indispensable, pero eso sí, estamos en la antesala del proceso electoral de 2018, y como estribillo vendrán las clásicas promesas de campaña, las mil y una estupideces que se dicen, “sacando a luz pública”, situaciones partidarias, en lugar de hacer un frente común, para detonar el progreso de esta  maravillosa Baja California Sur, que no merece más omisiones, sino que requiere con urgencia unir voluntades, conocimiento, prácticas útiles, entre legisladores/as federales, estatales, gobierno federal, estatal, municipales, delegacionales, partidos políticos, cámaras empresariales, clubes de servicio, organizaciones y por supuesto sociedad civil.

Para concluir, sólo así y solamente así se podrán revertir tendencias negativas, que continuamente se presentan en el diario vivir de la población sudcaliforniana. LA HORA DEL FUTURO PROMISORIO DE BAJA CALIFORNIA SUR. DEBE SER DE ¡YA…!, EN EL RELOJ DE NUESTRA HISTORIA.

 

 

 

 

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